Autor: María Patricia Mejía Garcés

niña interior meditacion

Niña Interior Meditación

Niña Interior Meditación

Preparación:

Ponerse cómoda, sin ropa que apreté, ni zapatos, ni joyería, ni gafas, deja celular apagado y tener una actitud positiva.

Respiración:
Una respiración profunda.
Tres respiraciones altas, tres medias y tres bajas.
Tres respiraciones profundas.

Relajación:
Aprieta los pies y suéltalos.
Aprieta los tobillos y suéltalos.
Aprieta los muslos y suéltalos.
Aprieta las nalgas y suéltalas.
Aprieta los músculos de la espalda y suéltalos.
Aprieta el estómago y suéltalo.
Aprieta el pecho y suéltalo.
Aprieta los hombros y suéltalos.
Aprieta los brazos y suéltalos.
Aprieta las manos y suéltalas.
Aprieta los músculos del dorso y brazos y suéltalos.
Aprieta los músculos del cuello y suéltalos.
Aprieta los músculos de la cabeza y suéltalos.
Aprieta los músculos de la cara y suéltalos.
Aprieta los músculos de todo el cuerpo, incluido piernas, brazos, cabeza… y suéltalos.

Visualización niña interior meditación
Voy caminando lentamente por una calle, voy viendo el piso, las casa a mi derecha y las de mi izquierda. Unas son bonitas, tienen flores y están pintadas. Alguna tiene un perro en la puerta, otras tienen las ventanas abiertas, otras las tienen cerradas. Las puertas son de forma variada y hay unas bonitas otras no me gustan tanto…

Voy mirando todo lo que hay en la calle, hay personas que hablan en una esquina, otras van caminando sin afán… esto me da tranquilidad, no hay afán, las personas lucen tranquilas y las flores que hay en algunos balcones parecen disfrutar del viento y del día…

Sigo caminando, voy viendo puertas y ventanas conocidas, incluso algunos vecinos que no veía hacia muchos años. Entre más camino por la calle más conocida se me hace… y voy recordando un poco más algunos detalles que había olvidado… Sí, esta calle se me hace conocida y sigo caminando… De pronto, veo una casa que me llama la atención pues se me hace más conocida que las demás y siento un gran impulso de entrar… No veo a nadie y la puerta está ajustada…

Reviso y no veo a alguien para pedirle permiso de entrar… Oigo un gemido y decido empujar la puerta un poco y, lentamente, la sigo empujando hasta abrirla… Espero un momento y nadie aparece, entonces me atrevo a entrar… Al estar adentro miro a mi alrededor y el espacio es muy conocido por mi…, me trae muchos recuerdos y me doy cuenta que es mi casa cuando yo era pequeña… Sí, aquí crecí yo y eso me pone muy feliz y decido recorrer el resto de la casa…

Un poco más adelante veo una pequeñita sentada en un lado del corredor llorando, sucia y toda llena de pantano… Quedo impactada al verla y me lleno de compasión por aquella pequeñita tan triste. Miro a mi alrededor y la única adulta allí soy yo. Veo al fondo un patio con una cascada, entonces me acerco a la triste niña y con cariño la tomo del brazo. Ella me mira con los ojos llenos de lágrimas y se deja llevar hasta la cascada.

En la cascada, me siento con la niña y le voy limpiando los piecitos cansados, sigo con sus piernas que están muy aporreadas. Le enjuago los bracitos y me percato que están llenos de marcas, limpio su rostro lleno de mugre y lágrimas y ella se deja limpiar y se va calmando… Cuando miro sus ojos se me hacen muy familiares… La miro profundo en sus ojos y, entonces, son mis lágrimas las que salen al reconocer a mi niña interior…

Ella me estira los bracitos y yo la abrazo con mucho amor… Nos quedamos abrazadas y siento que su corazón late al mismo tiempo que el mío, siento el calor de su cuerpecito y mi cabello se confunde con el de ella.

Le digo: “Estoy feliz de verte, por fin te encuentro”… Ella me mira y veo una mirada triste con una luz de esperanza. Le sonrío mientras cae una lagrima de mis ojos y, abrazándola, nos metemos las dos al agua y así le acabo de quitar toda la tierra y suciedad que la envolvía… La abrazo con mucho cariño y le digo: “Hola mi niña interior. Yo ya estoy aquí contigo, yo te voy a cuidar y a defender, también te voy a enseñar a defenderte para que nunca más nos lastimen, ni nos llenen de suciedad o abusen de nosotras. Yo ya soy grande y sé cómo defendernos. Te quiero mucho y no te dejaré”. Ella me sonríe y esa carita feliz me llena el corazón de alegría… La cojo y nos hundimos en el estanque de agua muy limpia y nos miramos bajo el agua… La veo tan hermosa y esta linda niña es mi niña interior… ¡Qué afortunada soy!… Salimos del agua sonriendo y salimos a caminar bajo el sol emparamadas, vamos cogidas de la mano hasta que el viento y el sol nos secan.

Llegamos a un lugar hermoso con un paisaje muy lindo y siento a mi niña interior en una piedra grande para quedar a la misma altura y le digo: “Te quiero mucho y ahora vamos a estar siempre juntas porque te voy a cuidar en mi corazón. Cada vez que estés triste o recuerdes algún dolor, recuerda que estás en mi corazón y yo te abrazaré hasta que te sientas bien. Te amo”. Y ella sonriendo se paró en la piedra y, con sus ojos muy felices, entró en mi corazón, allí le tengo y le voy a cuidar todos los días hablándole, saludándole y preguntándote si quiere hacer algo divertido o si quiere disfrutar algo de comer conmigo…
Le digo: “Eres mi niña interior, eres yo y ahora yo soy tú. Juntas por siempre”.

Ver Video
https://www.facebook.com/escueladelninointerior/videos/1566785843413427/

 

María Patricia Mejía Garcés
Asesora Sexual
Facilitadora en proceso
Escuela del Niño Interior

la niña interior sana y la adulta naciente

La niña interior sana y mi adulta naciente

La niña interior sana y mi adulta naciente

El nacimiento de mi adulta fue al revés, porque siempre nace un bebé que crece y se convierte en adulto… en mí, mi niña interior creció deformada (y después de crecer vino a formarse como un ser bello de mirar).

Mi adulta nació de una niña interior llena de miedos, temores, abusadores, tristezas, depresiones, hambre de amor, abrazos, reconocimiento y pan.

Mi niña interior sobrevivió ocultándose entre máscaras de otra persona, fingiendo ser otra, ocultando su rostro monstruoso de los adultos y demás niños a su alrededor, lo simpático era que se ocultaba para ser vista, para ser tenida en cuenta por todos y también por ella misma, pues su fealdad interior la aterraba incluso a ella misma.

Mi niña interior se ocultaba de sus sueños, deseos y aspiraciones y se iba detrás de las insinuaciones de otros con la esperanza de que a menos le tiraran algunas migajas de amor…

Un día sin embargo el hambre de amor le jugó una mala pasada, pues estaba en un tumulto y ella sintió que la abrazaban y se relajó para sentir el abrazo y sin darse cuenta su máscara resbaló y algunos vieron su rostro y sorprendidos comenzaron a cuchichear y a señalarla, ella vio como todos se retiraban y lo que creyó era un abrazo era solo un estrujón… muy avergonzada salió corriendo y llorando y entre sudor y lágrimas llegó a un peñasco donde se quedó quietecita detrás de unas rocas esperando el anochecer…

Sin embargo el sol no se ocultaba y pasaron horas y el sol seguía alumbrando hasta que vio una sombra acercarse… llena de miedo y soledad cerro los ojos con fuerza y pidió al cielo que la muerte se la llevara en ese instante… pidiéndolo con fuerza sintió que la sombra la tomaba de la mano y deseo que fuera la muerte que por fin venía por ella… con los ojos muy cerrados, la cara llena de lágrimas y la máscara en la otra mano se dejó guiar por la sombra que la llevaba montaña abajo.

la niña interior sana y la adulta naciente

De pronto la sombra le habló, le dijo: “ya puedes abrir los ojos” y el corazón se le quería salir de miedo, ansiedad y curiosidad… ¿era a ella que le estaban hablando y sin mascara? Se quedó muy quieta y aunque abrió un poco los ojos no logró ver nada a través de tantas lágrimas y sintió como esa sombra le limpiaba las manos con suavidad, tomando agua del rio que lograba sentir con sus pies descalzos y ampollados.

Después la sombra le limpio la cara y fue en ese momento que mi niña vio una amorosa sonrisa, la sonrisa de mi adulta que con amor la limpio hasta quitarle todas las máscaras y tierra que no dejaban ver la belleza de una niña vulnerable, amorosa, sensible, creativa, temerosa, inteligente, saludable, de hermosa voz y bellos sentimientos con todos…

La dueña de tan amorosa sonrisa le dijo: “soy tu y estoy muy orgullosa de ti, eres hermosa y muy valiosa y por eso no necesitas máscaras, es muy lindo ser tu misma”
Luego tomo su rostro con suavidad y ternura y le dijo: “te amo y ahora estamos juntas y nos cuidamos con amor, con todo el amor que merecemos, queremos y necesitamos”

María Patricia Mejía Garcés Asesora Sexual

la vida es una carga escuela del niño interior

La vida es una carga

La vida es una carga

La vida es una carga cuando no la entiendo, cuando siento que no soy suficiente, cuando creo que no me quieren, no me aceptan o no les agrado. La vida es pesada cuando la incertidumbre del hambre futura es un espejo del pasado y el pánico a que ocurra cuando yo no pueda hacer nada es realmente desesperante. Me llena de pánico. La vida es una carga cuando estoy cansada y hay mucho por hacer y en ese momento siento que el mundo se me viene encima. El estar sola en el corazón me llena de pánico y el pensar que nadie me va a querer también.

La vida es una carga cuando debo escoger entre dos cosas: puede ser que una me guste y la otra la sienta como un compromiso o cuando ambas son compromisos, o cuando las dos me gustan. Y cuando son más, es todo un torbellino, como cuando tengo varios clientes al tiempo, varias cosas que comer, varios libros por leer o personas por hablar o hacer varias tareas en la casa.

La vida es una carga cuando siento deseos de comer por angustia, miedo, incertidumbre, costumbre, pánico… Y sé que no le hace bien a mi cuerpo y que no lo hago porque tengo hambre sino porque no logro relajarme, o cuando quiero descansar y me llaman y no puedo decir que no. Cuando me siento cansada es cuando más terrible me parece porque todo se vuelve un sacrificio y me gusta hacer las cosas porque las disfruto.

La vida es una carga cuando no se manejar las relaciones, cuando no se decir no y luego quedo mal a las personas porque creo que si yo no me salvo de una, voy a  quedarme olvidada y abandonada.  La vida se vuelve muy pesada cuando van a partir algo de comer y mi pedazo no llega y creo que no va a alcanzar para mí.

La vida se vuelve pesada porque no trabajo en lo que quiero y me parece casi imposible salir de este compromiso de trabajo y, peor aún, si logro salir y no saber que tengo algo seguro, me siento como una indigente, casi a punto de serlo.

La vida se vuelve una carga cuando me voy a vestir y no uso lo que me gustaría porque le doy gusto a otros y eso me da rabia, mucho malestar y odio vestirme de blue jeans y que los zapatos no sean cómodos. Y ponerme lo que me gusta y que no me quede porque la barriguita que tengo no me favorece y me siento realmente fea para atraer al hombre que yo quiero.

El mundo es una carga cuando me despierto y sé que no voy a hacer lo que me gusta y que podría hacerlo si tuviera la fuerza, el empuje; si en vez de sentirme con las piernas enterradas, me sintiera en un tobogán que va hacia la felicidad.

La vida  es realmente pesada para mí porque no la sé vivir, porque me siento amarrada de compromisos para que los otros (mi familia) me quieran. Cuando alguien de mi familia está mal conmigo, el mundo es horrible, mi mundo es realmente un infierno y el sentir que no realizo mis sueños es horrible y los veo tan lejos porque me siento prisionera, enterrada y encadenada, como sin permiso para vivir, para ser feliz o… para respirar.

 

Carta de mi amiga Ana Berenice antes de morir

María Patricia Mejía Garcés Asesora Sexual

 

Compartir